domingo, 17 de noviembre de 2013

Ardilla moruna

La ardilla moruna, cuyo nombre científico es Atlantoxerus getulus, es un roedor pequeño caracterizado por poseer un pelaje corto y pardo marcado por dos líneas claras y cuatro oscuras en su dorso. Su rango nativo de distribución comprende el extremo noreste de África. En España solo vive en Fuerteventura, donde fue introducida en 1965, y en la que actualmente está ampliamente distribuida.

Así mismo, entre 1996 y 1998 se capturaron 15 individuos en varias localidades de la isla de Gran Canaria, fruto de liberaciones accidentales e introducciones voluntarias, aunque no se puede afirmar que se hayan establecido poblaciones silvestres en dicha isla. En 2006 se capturaron tres individuos de una pequeña población aparecida en la Isla de Lanzarote.

Es una especie omnívora, aunque con una mayor predilección por los vegetales. Depreda, además de otras muchas plantas, sobre 5 especies en peligro de extinción. También provoca daños en los cultivos al alimentarse de las cosechas y deteriorar muros al construir madrigueras. En el apartado animal sobresale el consumo de moluscos terrestres, un grupo representado por 13 especies endémicas en Fuerteventura. Además de todo esto, la ardilla se aprovecha de la simpatía que despierta entre humanos para conseguir comida fácilmente, siendo frecuente que turistas y nativos las alimenten a cambio de una foto o una simple observación cercana.

Por otro lado, este roedor introducido sirve de recurso alimenticio para aves como el cernícalo, el cuervo, el ratonero común y el extremadamente amenazado alimoche canario o guirre, que se alimenta de sus cadáveres. Sin embargo, también lo es para el mamífero introducido más peligroso en las islas: el gato. Estos predadores son el único factor regulador de la ardilla en Fuerteventura ya que no posee competidores.

En Fuerteventura se ha comprobado que transporta amebas altamente patógenas para los humanos, además de especies bacterianas también contagiosas para animales silvestres y el hombre. En su área de procedencia puede llegar a provocar la muerte por septicemia global como consecuencia de su mordedura.

Como medidas de gestión en esta isla se está intentado controlar la población puesto que su erradicación es ya posiblemente inviable. Para evitar que se llegue a este punto, en Gran Canaria y Lanzarote se están llevando campañas de seguimiento y  erradicación. Como con otras especies exóticas invasoras sería fundamental acompañar estas acciones con campañas de información y sensibilización para hacer ver a la población el carácter invasor de esta especie y el impacto negativo que supone para la frágil biodiversidad canaria, así como regular la tenencia de ejemplares en cautividad.


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